La entrega de los Premios de la Música el próximo 3 de abril en Valladolid ha traído consigo la organización de diferentes eventos de índole musical a los largo de estos días en nuestra ciudad. Es el caso del llamado “Concierto Autor”, celebrado anoche en la discoteca Bagur, que permitió comprobar a lo largo de tres horas que la música local goza de buena salud. Stealwater, Arizona Baby y Los Placeres ofrecieron tres propuestas diferentes pero con el rasgo común de la calidad y el buen gusto, y sobre todo, de ser vallisoletanos.
Los encargados de abrir fuego fueron los más noveles, Stealwater. Había curiosidad en el ambiente por parte de quienes aún no habían tenido la oportunidad de escucharles en directo; no en vano, se trata de una de las bandas de las que más se habla en estos últimos meses en los mentideros musicales vallisoletanos, y se dice de ellos que su juventud (rondan los 18 años) y su calidad como músicos les convierte en una de las bandas con mayor proyección del panorama. Lo cierto es que, tras lo visto anoche sobre el escenario de Bagur, podemos asegurar que la expectación y los elogios previos estaban totalmente justificados. Con predominio de las letras en inglés y claras influencias tanto del pop rock clásico (Rolling, Beatles) como del de nuevo cuño (Strokes, Artic Monkeys), pasando por los grandes de los 90 (Oasis, Blur), Stealwater demostraron que, además de grandes músicos en el plano individual, son una banda en el mejor sentido de la palabra, una formación que está empezando a descubrir también los mecanismos de conexión con el público desde el escenario. La voz solista se la repartieron David (bajo) y Cacho (teclista), aunque sin duda es este último quien posee el estilo más personal y el más alto porcentaje de carisma en el grupo: un auténtico showman con maneras de rock star y con todo el descaro propio de su recién estrenada mayoría de edad. Alternando los ritmos acelerados con los medios tiempos, y salpicándolos siempre de estribillos pegadizos, los Stealwater conectaron a la perfección con el público más joven, entre los que se pudo ver ya a algunos fieles que se atrevieron a tararear sus temas, y demostraron que la cantera viene pisando muy fuerte. Hay ganas de escuchar su primer disco, que han comenzado a grabar hace sólo unas semanas.

Más tablas sobre el escenario tienen los Arizona Baby, segunda actuación de la noche. Esta banda, surgida hace cinco años de la unión de tres grandes músicos procedentes de otros grupos locales (Valdemar, Miss Borneo, Neon Lights), se mueven en los terrenos del rock y el blues más fronterizos, salpicándolos con influencias de folk y country. El resultado es digno de escuchar, con temas breves y contundentes como ráfagas de ametralladora, como uno de esos tornados que cruzan el desierto al que inevitablemente nos transportan sus sonidos, banda sonora de una película ambientada en las carreteras secundarias del oeste de los Estados Unidos. Casi nadie en la sala pudo sustraerse a las ganas de bailar y dar palmas de las composiciones que con buen hacer y sabiduría fueron desgranando a lo largo de sus 45 minutos de actuación. La banda liderada por Javier Vielba dio una auténtica lección de cómo tres únicos tipos sobre el escenario pueden sonar como un auténtico huracán, gracias a lo acertado de sus arreglos, su virtuosismo instrumental y unas cuidadísimas armonías vocales. Las canciones de su primer disco, “Songs to sing along”, se alternaron con nuevas melodías que estarán incluidas en su próximo trabajo, el cual comenzarán a grabar en breve bajo la supervisión del reputado productor independiente Paco Loko.

Ya con algo de retraso sobre el horario previsto cerraron el festival Los Placeres, y con ellos llegó el turno del pop más melódico y comercial, pero sin que el interés del público decayera en ningún momento. La banda de Íscar demostró profesionalidad, tablas y gran madurez; no en vano, acaban de publicar un nuevo disco de 12 canciones (“El mundo al revés”) en el que ha colaborado gente tan importante como Dani Marco, cantante de Despistaos, y además han entrado a formar parte de la agencia de representación que se encarga de dicho grupo y de otros como La Fuga. Los Placeres comenzaron su turno con “Fábrica de sueños”, una canción en la que homenajean y mencionan a algunos de los artistas de la música española que más les influyen, como Amaral, Fito & Fitipaldis o El Canto del Loco. Con la dulce voz de Verónica al frente y una instrumentación completa y potente, el tercer y último grupo de la velada consiguió hacer bailar a la gente que permaneció en la discoteca Bagur hasta el final del concierto.

Cabe destacar el buen trabajo llevado a cabo por la empresa encargada del sonido, RT Producciones, que consiguió que la música de las tres bandas llegara al público de forma casi inmaculada; únicamente la salida de Arizona Baby vino precedida de algún problema con los monitores, de forma que Javier Vielba tuvo que poner en juego sus dotes histriónicas para conseguir que los asistentes no se pusieran nerviosos. Sin embargo, se esperaba una mayor presencia de público, que en escasos momentos superó la cifra del centenar de personas en la sala. A este respecto se escucharon voces críticas con la falta de publicidad sobre el evento, pero no parece motivo suficiente para justificar el hecho en sí. Se trataba de un concierto gratuito, cerca de tres horas de música en directo, con un horario más que correcto (el comienzo estaba previsto para las 9 de la noche, aunque se retrasara unos minutos) y con tres de las mejores bandas de Valladolid. ¿Qué más quiere el público de Pucela? ¿Dónde estaban las otras cien personas que hubieran sido necesarias para llenar Bagur? Quizá se encontraban en sus casas, acariciando su entrada para algún festival latino; y tal vez luego serán los que se quejen de que esta ciudad está muerta, mientras a las salas de pequeño y mediano aforo siguen yendo cada semana los mismos fieles de siempre…
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